Estados Unidos: el espejo hecho añicos

Estados Unidos: el espejo hecho añicos
Fecha de publicación: 
10 Enero 2021
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Lo acontecido por estos días en Estados Unidos ha concertado el repudio de muchos, muchísimos: indignación y hasta vergüenza ajena, al constatarse cuánto de artimaña y, a la vez, de casi neonazismo alienta en ese asalto al Capitolio de Washington por los seguidores de Trump.

Reveladoras han resultado las opiniones vertidas en las redes sociales donde, lo mismo voces de izquierda que de derecha, igual demócratas que republicanos, condenan el suceso, que ha acabado de echar por tierra el supuesto símbolo para el mundo en que se ha erigido ese país.

Durante siglos y por múltiples vías, esa nación ha intentado abonar una imagen de ejemplo de democracia, y el tan llevado y traído american way of life, cuya conquista, ilusa por demás, ha llevado a tantos a abandonar camino por vereda.

Pero ahora ellos mismos han hecho añicos ese espejo que con tanto afán pulieron, y hay mucho americano decente avergonzándose, y también muchos otros renunciando a sus cargos, incluyendo altos puestos del gabinete trumpista.

Elaine Chao, la secretaria de Transporte, fue la primera en pedir la baja del gabinete luego del asalto terrorista —sí, ese es el adjetivo que le toca—, y como fichas de dominó, le siguieron otros.

Desemboca en paradoja —casi risible, si no hubiera hasta muertos de por medio— que el autonombrado adalid de la democracia la haya arrostrado de esa forma luego de que, en su nombre, protagonizara tantas intervenciones militares, injustificadas, por supuesto, a los ojos del mundo.

Con el pretexto de llevar precisamente la democracia y el «anhelado» modo de vida americano, debutaron entre 1846 y 1848 con México, primera víctima de la lamentable doctrina Monroe.

En 1898, militares norteamericanos invadieron Puerto Rico y también Cuba, colonias españolas por aquel entonces, y en 1906, consumaron la segunda ocupación militar a Cuba, donde el secretario de la Guerra de EE.UU., William H. Taft, asumió el cargo de gobernador provisional.

Dos años después, Panamá, que ya había sufrido numerosas injerencias por parte del poderoso vecino, vivió una intervención militar, a tenor de supuestas irregularidades en las elecciones presidenciales realizadas allí. Y para evitar que fuera derrocado Adolfo Díaz, aliado y amigo del imperio, los marines yanquis volvieron a poner sus botas en esa tierra, donde se mantuvieron hasta 1933.

México, Haití, República Dominicana, Brasil, Guatemala y un largo y doloroso etcétera —resumido en el artículo publicado por Granma «La historia de las intervenciones de Estados Unidos en América Latina y el Caribe»— han sido también víctimas de invasiones y ocupaciones militares por parte de Estados Unidos, que ahora debiera «autointervenirse», de ser consecuente con sus propios estilos y formas de «defender» la democracia.

Sin dudas, le hace falta a ese país, al hasta ahora presidente y a sus seguidores, una buena invasión de cordura y decencia.

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